Corazón De Siervo

Corazón De Siervo

Pastor Miguel Arrázola. Enero 28, 2020

El servicio, la unción no es para ser alguien, ¡es para hacer algo! No podemos tener una iglesia donde hay gente que se pone a servir para llegar a ser alguien.

Enseñanza.

Mateo 20: 25-27 (RVR)
“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 27 y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; 28 como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos”.

Siempre se escucha entre la gente que el diablo esta “alborotado” o desesperado por hacer el malo. Pero los que tenemos que estar desesperados somos nosotros por hacer la obra de Cristo. El desespero debe venir sobre la Iglesia para que avance, porque el tiempo que tenemos es corto.

Las cosas en la Iglesia son como en la familia: Hay que formar a las nuevas generaciones para cuando las antiguas ya no estén, ellos sigan el legado.

Nosotros como Pastores también debemos preparar a la novia, que es la Iglesia, para encontrarse con el Señor Jesús. Pero, ¿cómo le va a ir bien si algún día faltan los papás? Depende la formación que han tenido.

Dios quiere que capacitemos a hombres y mujeres. La Iglesia no debe hacerse sobre el carisma, los dones y los talentos del predicador o del Pastor que la dirige sino sobre su carácter, porque los dones son gratis: Hablar en lenguas, el don de sanidad, entre otros.

Cuando se trata de buscar a alguien que sirva a Dios, los dones pasan a un segundo plano y lo que prevalece es el carácter. Si la persona que dirige la Iglesia no tiene un carácter fundamentado ni ha formado bien a su gente, el Ministerio tenderá a desaparecer cuando éste no esté.

Creo que un Ministro exitoso es aquel que logra que las cosas ocurran aun cuando él no esté. De hecho, el éxito de Jesús es que Él está sentado a la diestra del Padre y la Iglesia sigue avanzando.

Debemos entender varias cosas. Así como las ovejas son buenas haciendo lo que el Pastor dice cuando no esté, así los hijos en casa. La gente cree que el llamado y la respuesta a este es de un día para otro. Es importante entender que esto es un proceso y que hay 4 conversiones de todo creyente:

1. A Cristo.
2. A la Iglesia.
3. Al servicio.
4. Al liderazgo.

Y en estas 4 conversiones es que desarrollamos a la gente para un liderazgo eficaz.

Las palabras proféticas no son llamamientos, son reconfirmaciones de algo que Dios ya te ha dicho a ti. Esto lo vemos en la siguiente parte de las Escrituras:

Hechos 13:2 (RVR)

“Ministrando éstos al Señor, y ayunando, dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado”.

Ninguna palabra profética se puede saltar la autoridad pastoral bajo la cual tú estás. Si tú no estás bajo sumisión jamás vas a poder entrar en una esfera de autoridad. Tú no puedes moverte ni auto promoverte solo, tienes que tener una cabeza que lo haga.

El que es llamado no necesita profecías, su carácter e integridad lo afirman como tal. El camino a la ejecución de tu Ministerio debe ser largo; mucha gente sirve a Dios a punta de dones y resulta que estos son gratis. Jesús no dijo “por sus dones los conocerán”, sino “por sus frutos”.

Una vez libertados en Cristo, necesitamos desarrollar frutos. Cuando tengas frutos lo más seguro es que si estás bajo sumisión, va a haber alguien que te va a elevar y una congregación que te va a apoyar.

Mateo 20: 25-26 (RVR)

“Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. 26 Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros
será vuestro servidor,…”.

La mayoría de la Iglesia latinoamericana por mal leer o por no entender el contexto, repiten “el que quiera ser grande sea vuestro servidor”. Y hay una diferencia bien grande entre sea y será, porque para ser grande no se necesita servir. El servicio a Dios no se usa para llegar a ser alguien. Este verso no es una promesa, es una advertencia.

En ninguna parte de la Biblia dice que el servicio sea para ascender, porque no es para eso sino para servir. Lo que Jesús está diciendo en esta parte de las Escrituras es que el que quiera figurar, de sirviente no pasa. Es por eso que hay tanta gente frustrada en las Iglesias.

La mayoría de la gente sirve en las Iglesias por su propio ego, engañados y pensando que si hace lo que hace, algún día alguien lo verá y lo van a ascender.

El servicio, la unción no es para ser alguien, ¡es para hacer algo! No podemos tener una iglesia donde hay gente que se pone a servir para llegar a ser alguien. Tienes que quitarte eso de la cabeza porque de lo contrario, sino no vas a entender la razón por la que Dios te ha llamado ni vas a disfrutar tu servicio a Dios. Le servimos a Él porque solo el hecho de hacerlo es un privilegio.

Dios nunca le prometió a los discípulos un trono por servirle y Jesús nos lo dejó claro a través de la advertencia que nos hace Mateo 20:26.
Mateo 20: 20-23 (RVR)

“Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. 21  Él le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo:

Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. 22 Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís.

¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. 23 Él les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.

Quien aviva ese sentimiento de figuración en el ser humano es la mujer (la esposa o la mamá). En pocas palabras, Jesús les dijo que Él no había prometido ningún ascenso, lo que prometió es que seamos siervos como Él lo fue. Jesús no se humilló hasta lo más bajo para Él mismo exaltarse hasta lo sumo. Él lo que hizo fue tomar forma de ciervo, hecho semejante a los hombres y fue el Padre quien lo exaltó. Dice la Biblia que la paga del pecado es la muerte; Jesús se tomó el riesgo de venir a servirnos, so pena de pecar y si Él hubiese llegado a pecar, que fue un riesgo grandísimo porque fue tentado en todo, ¿qué le pasa a la Trinidad? ¡La acaba! Mire el riesgo que Jesús tomó al venir por nosotros, que Él prefirió sacrificar a la Trinidad por ti que estar en el cielo sin ti.

Pero hoy se quiere lo contrario, ¡no! Lo que debemos hacer es servir, alegrarnos con lo que el Señor nos ha dado, seguir los pasos de Jesús humildemente, dejar que Él nos use pero dejar que quien nos eleve también sea Él. Dios nunca te llama a grandes cosas de entrada, sino primero a cosas pequeñas. Nunca pierdas el corazón de siervo, a ti nadie te prometió tronos. Ya la salvación es suficiente, frente a tantas cosas malas que hicimos en el pasado. Hay gente con dones, talentos, posiciones en el Cuerpo de Cristo, pero no necesitamos títulos para servir. Jesús no sirvió para engrandecerse, fue el Padre quien lo exaltó a lo sumo. Dios no te tiene que pagar nada, Él te pagó todo con Su sangre. Todo lo que tú hagas es por gratitud, misericordia y gracia.

La historia de Simón, el mago nos enseña que la amargura no viene de las ofensas sino de la falta de reconocimiento. A Simón, el mago, nadie lo ofendió ni lo insultó, lo que le dolió fue que le quitaron la falta de reconocimiento. Ni hablar de Esaú, por quien Jacob ha sido mal juzgado; fue Esaú quien no valoró la bendición de la primogenitura. Nunca deseches a un hombre justo por la acusación de un villano.

En este mundo en el que todos quieren figurar, sean como Jesús: Se humilló y tomó forma de ciervo. Y Él no pensó “¡uy, me van a dar el trono!”, ¡Él dejó el trono por ti! Se arriesgó a dejar la eternidad. Yo me pregunto: ¿Hoy cuántos se van a arriesgar a servir? Así sea que sirvan hasta que Cristo venga sin ser reconocidos, elogiados y sin que le den las gracias. Es que servimos es para los cielos, no para la Tierra.

¡Cómo se ha perdido la esencia cristiana! Ya las enseñanzas de la Iglesia moderna no son como las de antes. Que en este tiempo nos ayude a volver a tener un corazón de siervo, que tanta falta nos hace. Que el orgullo, el autonombramiento y la autoexaltación dejen de dividir tantos ministerios. No te exaltes, deja que Dios te exalte cuando sea el tiempo.

Volvamos a la senda antigua de ser humildes delante de Dios y que el glamour del ministerio no sea nada. Entre más lejos llegues, sé más humilde.

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