El Poder De La Obediencia Parte II

El Poder De La Obediencia Parte II

Pastor Miguel Arrázola. Junio 30, 2019

Jesús estaba tomando la copa de la maldición, los pecados de todos nosotros, pasados presentes y futuros, para que podamos tener bendición.

Enseñanza.

Lucas 22:44 (RV60)

Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.

Jesús derramó sangre de diferentes partes de su cuerpo, y todo tiene un significado. Cuando Dios creó al hombre lo puso en el huerto del Edén, desafortunadamente el hombre cometió traición a Dios por escuchar al diablo, Adán cambió la bendición de la obediencia por la maldición de la rebeldía. Todo se perdió en un huerto, pero todo se ganó también el huerto de Getsemaní, donde Jesús se refugia en la oración, porque sabía que tenía una
misión importante de redimir a la humanidad.

El Señor comenzó a sentir una agonía tan grande por lo que habría de pasar, que comenzó a sudar gotas de sangre.

Mateo 26:38 (RV60)

Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.

Por eso dice al Padre que si era posible, lo dejara pasar esa copa de maldición y pecado, pero luego tomó la decisión de hacerlo, quizás los ángeles estaban asustados, pero al final Jesús dice que no se hiciera su voluntad, sino la del padre. Eso es un ejemplo para nosotros, Jesús fue fiel en todo, se movió con base en la palabra y no en sus sentimientos, porque muchos olvidan que la fidelidad es un tema de voluntad, no de emociones, es una decisión servir al Señor.

En el huerto de Edén, el sudor de Adán tipificó la maldición (Génesis 3:19). Jesús tuvo que redimir esta maldición que nos trajo Adán. No queremos líderes como Adán, sino líderes como Jesús, fieles.

Cuando Jesús derramó su sangre a causa de la agonía, demostró fidelidad y obediencia. Una sola gota de esa sangre tiene el poder de desarraigar cualquier maldición generacional que haya entrado en nuestra vida por causa de la desobediencia. A pesar de que el diablo pensó que Jesús no viviría en integridad y se doblegaría ante el pecado, Él anuló todo argumento, se mantuvo sin pecado alguno. El rebelde satanás persiguió al fiel Jesús, el mentiroso satanás persiguió al verdadero Jesús, el homicida persiguió al dador de la vida, el soberbio persiguió al ser más manso que ha existido, por eso el orgullo del diablo fue doblegado con la humildad de Jesús.

Adán en Edén originó la maldición para la humanidad, pero Jesús originó la bendición en Getsemaní. Adán contaminó la tierra con su pecado, pero Jesús la bendijo con su sangre.

Adán perdió toda la bendición, pero Jesús la recuperó para nosotros. Adán en Edén decepcionó a Dios, pero Jesús en Getsemaní le produjo alegría. La pobreza que trajo Adán se convirtió en prosperidad en Getsemaní; por causa del pecado de Adán morimos, pero gracias a Jesús tenemos vida eterna. En Edén hubo vergüenza, pero en Getsemaní hubo gloria.

La sangre tiene poder para librarnos de toda maldición generacional. Maldiciones que trajo la caída de Adán:

1. Quebrantamiento o derrumbe mental o emocional.

2. Enfermedades crónicas o repetitivas.

3. Esterilidad, partos prematuros, abortos espontáneos, sufrimiento menstrual.

4. Fracasos matrimoniales, divorcios, adulterios, desintegración familiar.

5. La pobreza, no tener propiedades y bienes.

6. Ser propensos a accidentes.

7. Muertes por causas no naturales (suicidios).

Uno de los golpes más duros que puede recibir un ser humano es la traición, y uno de los más fuertes es la infidelidad en el hogar. Lo duro de la traición es que nunca viene de un enemigo, sino de alguien cercano, y el enemigo sabe que los más allegados a nosotros son los que más pueden herir nuestro corazón. El propósito de la infidelidad es destruir completamente la vida de una persona, es tan dura esta arma, que el diablo usó a Judas para usarla contra Jesús.

Ser infiel es ser usado por el diablo, pero ser fiel es ser usado por Dios. Judas era uno de los discípulos más amados por Jesús, Jesús le daba comida en la boca, pero cegado por el diablo, traicionó a Jesús. Judas tenía todo para ser un gran líder y quedó colgado de un árbol, porque toda traición se paga caro, porque ningún traidor prospera.

La traición nunca produce frutos. El traicionero siempre será traicionado, el que divide será dividido.

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