El Poder Sobre Mis Rodillas Parte 2

El Poder Sobre Mis Rodillas Parte 2

Pastor Miguel Arrázola. Enero 20, 2019

La Iglesia tiene más poder que el Pastor, porque su oración nos hace invisibles al enemigo.

Enseñanza.

Hechos 12:1-2 (RVR)

“En aquel mismo tiempo el rey Herodes echó mano a algunos de la iglesia para maltratarles. Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan”.

Herodes no le hizo juicio a Jacobo, el hermano de Juan. Era un 12 de Jesús que estuvo tres años caminando con Él, era un hombre importante. Y a sangre fría es asesinado a espada por Herodes.

Hechos 12:3 (RVR)

“Y viendo que esto había agradado a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Eran entonces los días de los panes sin levadura”.

En esta escritura vemos a la clase política representada por Herodes y a los judíos, representados en Jacobo. Esta ha sido una lucha de siempre, entre el gobierno y la Iglesia creciente.

Siempre en la vida somos criticados por alguien que hace menos que nosotros. Así que si tienes críticos, date por bien servido.

Hechos 12:4-5 (RVR)

“Y habiéndole tomado preso, le puso en la cárcel, entregándole a cuatro grupos de cuatro soldados cada uno, para que le custodiasen; y se proponía sacarle al pueblo después de la pascua. Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él”.

Herodes tenía planeado hacer lo mismo con Pedro, pero lo salvó la fiesta de los panes sin levadura. No pudieron asesinar a Pedro en ese momento porque no era bien visto que asesinaran a un judío en medio de una fiesta cristiana. Por eso, planeó hacerlo después de la Pascua pero la oración de la Iglesia le salvó.

La Iglesia no hace nada cuando Jacobo muere. Él no tenía que morir, la oración de la gente de la Iglesia pudo haberlo salvado.

Hechos 12:6-7 (RVR)

“Y cuando Herodes le iba a sacar, aquella misma noche estaba Pedro durmiendo entre dos soldados, sujeto con dos cadenas, y los guardas delante de la puerta custodiaban la cárcel.

Y he aquí que se presentó un ángel del Señor, y una luz resplandeció en la cárcel; y tocando a Pedro en el costado, le despertó, diciendo: Levántate pronto. Y las cadenas se le cayeron de las manos”.

Pedro estaba aprisionado con dos cadenas, vigilado por dos guardias como un criminal más, a pesar de que nunca hizo nada malo. Pero milagrosamente fue liberado de esa prisión. Esto nos enseña que la oración de la Iglesia libera al líder.

Hechos 12:8-10 (RVR)

“Le dijo el ángel: Cíñete, y átate las sandalias. Y lo hizo así. Y le dijo: Envuélvete en tu manto, y sígueme. Y saliendo, le seguía; pero no sabía que era verdad lo que hacía el ángel, sino que pensaba que veía una visión.

Habiendo pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que daba a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salidos, pasaron una calle, y luego el ángel se apartó de él”.

Pedro caminó sobre las aguas, echó fuera demonios, su sombra sanaba pero no se pudo librar de Herodes. Es que el diablo no le tiene miedo a la unción, a lo único a lo que el diablo le tiene miedo es al cristiano que clama de rodillas.

La clave no es la unción del predicador, sino el poder de la oración del que está sentado recibiendo la Palabra de Dios. Cuando nos reunimos como la Iglesia de los Hechos a orar, ¡el lugar tiembla!

Las puertas se abren porque tú y cada uno oramos. Las puertas se abren sobre tus rodillas; deja de volverte adicto al predicador y vuélvete adicto a la oración.

Hechos 12:11 (RVR)

“Entonces Pedro, volviendo en sí, dijo: Ahora entiendo verdaderamente que el Señor ha enviado su ángel, y me ha librado de la mano de Herodes, y de todo lo que el pueblo de los judíos esperaba”.

Un grupo de personas sencillas y humildes, que no sabían cómo responder ante un milagro, oraron e hicieron que el Ángel del Señor se moviera a favor de Pedro.

La Iglesia debe orar sin cesar por sus Pastores, porque hay muchas personas que desean que les vaya mal. Incluso hay cristianos que quieren que fracasemos, porque nuestro éxito los deja a ellos sin excusas para lograrlo también. Es que todo el mundo quiere que te vaya bien, pero no mejor que ellos.

Hechos 12:12 (RVR)

“Y habiendo considerado esto, llegó a casa de María la madre de Juan, el que tenía por sobrenombre Marcos, donde muchos estaban reunidos orando”.

La oración que sale de algún lugar le permite al destinatario ver al milagro de regreso a él. A Pedro no lo salvó la unción, le salvó la oración de la Iglesia.

Hechos 12:13-16 (RVR)

“Cuando llamó Pedro a la puerta del patio, salió a escuchar una muchacha llamada Rode, la cual, cuando reconoció la voz de Pedro, de gozo no abrió la puerta, sino que corriendo adentro, dio la nueva de que Pedro estaba a la puerta. Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel! Mas Pedro persistía en llamar; y cuando abrieron y le vieron, se quedaron atónitos”.

Estas personas quizás no eran inteligentes y capacitados, pero sí que sabían orar. Habrá gente que te dirá que estás loco cuando anuncies el cumplimiento de tus oraciones, pero quienes lo hagan al verlo, quedarán atónitos. Es que cuando yo doblo mis rodillas, ¡las puertas se abren!

Tu año depende de tu clamor, de tus rodillas, de que busques el rostro de Dios. Todo lo malo que te pasa en la vida es el resultado de tu falta de oración. Si la Iglesia no hubiese orado por Pedro, lo hubiesen matado porque el cielo no hace nada si la tierra no lo pide.

Es tiempo de despertarnos, madurar, crecer y dar frutos. Tú no puedes hacer cosas para Dios teniendo secretos y una vida oculta. ¡Sin santidad nadie verá a Dios!

Jesús en Su primera venida vino a amarnos, pero en Su segunda venida vendrá a juzgarnos. La gracia no elimina el juicio de Dios, es tiempo de correr hacia Dios, orar y buscarlo.

Isaías 40:29-31 (RVR)

“El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán”.

La razón por la cual este verso dice primero correr que caminar es porque cuando caminamos en la vida sin orar tenemos que correr para alcanzar nuevamente la mano de Dios que estaba lejos, para luego sí volver a caminar con Él. Mi pregunta es: ¿Qué tan lejos tienes que correr para alcanzarle nuevamente la mano a Dios?

Quiero llevarte en este viaje por estos días a volver a agarras la mano de Dios y vuelvas a caminar con Él. Solo así toda bendición trabada, garantizadamente se destraba y seremos una fuerza indetenible como Iglesia, en el nombre de Jesús.

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