Ser Una Vasija Disponible

Ser Una Vasija Disponible

Pastora Maria Paula Arrázola. Abril 28, 2019

No te preocupes si te sientes sucio, imperfecto, indigno; Dios no está interesado en la perfección, sino en la obediencia.

Enseñanza.

2 Reyes 4:1-7 (NTV)
“Cierto día, la viuda de un miembro del grupo de profetas fue a ver a Eliseo y clamó: —Mi esposo, quien te servía, ha muerto, y tú sabes cuánto él temía al Señor; pero ahora ha venido un acreedor y me amenaza con llevarse a mis dos hijos como esclavos.

2—¿Cómo puedo ayudarte? —preguntó Eliseo—. Dime, ¿qué tienes en tu casa? —No tengo nada, solo un frasco de aceite de oliva —contestó ella. 3Entonces Eliseo le dijo: —Pídeles a tus amigos y vecinos que te presten todas las jarras vacías que puedan. 4Luego ve a tu casa con tus hijos y cierra la puerta. Vierte en las jarras el aceite de oliva que tienes en tu frasco y cuando se llenen ponlas a un lado.

5Entonces ella hizo lo que se le indicó. Sus hijos le traían las jarras y ella las llenaba una tras otra. 6¡Pronto todas las jarras estaban llenas hasta el borde! —Tráeme otra jarra —le dijo a uno de sus hijos. —¡Ya no hay más! —le respondió. Al instante, el aceite de oliva dejó de fluir. 7Cuando ella le contó al hombre de Dios lo que había sucedido, él le dijo: «Ahora vende el aceite de oliva y paga tus deudas; tú y tus hijos pueden vivir de lo que sobre”.

Este milagro que vemos en esta parte de las Escrituras no tiene que ver con el aceite ni con Dios, el problema no era ninguno de los dos, sino las vasijas. La cantidad de vasijas que la mujer trajo fue las que Dios llenó con aceite. El aceite representa el Espíritu Santo, la abundancia, la provisión, la unción.

El esposo de esta mujer era un profeta, pero estaba endeudado. Desafortunadamente hoy vemos lo mismo, gente cristiana que está endeudada, que no diezma, que no ofrenda y que no obedece a Dios en sus finanzas.

En aquella época cuando alguien no podía pagar una deuda, sus acreedores venían a sus casas por sus hijos y se los llevaba para hacerlos esclava. Hoy el mundo está tocando a las puertas de la Iglesia y de nuestros hogares para llevarse a nuestras generaciones y esclavizarlas. Por eso hoy tú y yo tenemos que levantarnos a pelear por ellas y tener un milagro en nuestras casas. El aceite debe estar fluyendo en las vasijas, que nos representan a nosotros, a nuestras familias y a nuestras generaciones.

Lo que nosotros no logramos vencer, lo tendrán que vencer nuestros hijos y les costará mucho más que lo que nos hubiese costado a nosotros. Por eso diariamente debemos ir en oración a la Presencia de Dios a pedirle que nos limpie de nuestras iniquidades, para no replicarlas en nuestros hijos y modelarles un buen testimonio.

Debemos buscar ser libres diariamente de pecados, de tendencias, de adicciones, de maldiciones para evitar que nuestros hijos tengan que luchar contra ellas.

Este hombre de Dios le preguntó a esta mujer qué tenía en su casa, a lo que respondió que solo tenía una pequeña botella de aceite. ¿Qué hay en tu casa que pueda salvar a la siguiente generación de la esclavitud? Nuestra casa debe ser un lugar donde se ora, se habla la Palabra de Dios, donde se vive lo que se predica. El verdadero tú es el que vive en tu casa, no es el que vemos en la Iglesia.

¿Cómo tratas a tus hijos? ¿Cómo tratas a tu esposo(a)? Eso es carácter, cero emotividad. Necesitamos ser formados en nuestro hombre interior; el mundo se nos está metiendo poco a poco en las casas y no nos estamos dando cuenta.

¿Qué hay en tu casa que está impidiendo la manifestación del Espíritu Santo en casa? Si te tomas un vaso de agua pura que solo tiene una gota de cianuro te morirás, suena exagerado pero es así. Hoy en día vemos cristianos que por permitir goticas de costumbres del mundo, de pecado, se están envenenando hasta que no se dan cuenta y terminan completamente muertos. Tenemos que pelear por nuestras generaciones y volvernos cristianos de verdad.

¿Cómo es posible que en tu lugar de trabajo, en tu colegio, universidad, en tu familia, tus amigos no sepan que eres cristiano? El que es cristiano no necesita estar diciendo que lo es, su caminar diferente habla que lo es.

La cristiandad no es una religión, es un modo de vida verdadero. A Dios los términos medios no les gustan, o estamos con Él o lo estamos en el mundo. Honra a Dios en todo tiempo, o somos cristianos o no lo somos, es así de sencillo. Esto no es un juego, es de verdad. Necesitamos ser vasijas útiles y disponibles para el Señor.

El verdadero milagro ocurrió cuando esta mujer le dijo al profeta que tenía aceite y él le dijo trae vasijas, no pocas. Es decir, dependía de ella; Dios va a llenar lo que tú traigas delante de Él. Las vasijas representan nuestras generaciones, tienes que pelear por ellas.

A veces le decimos a Dios que haga un milagro grande, pero no traemos la vasija o está rota o es pequeña. La vasija se tiene que limpiar para que el Señor la pueda llenar. Necesitamos limpiarnos de nuestros sueños, planes y propósitos para que Dios pueda decantar en nosotros Sus sueños, planes y propósitos. Dios está buscando vasijas disponibles que se levanten en contra del mundo.

Joel 2:28 (NTV)
“Entonces, después de hacer todas esas cosas, derramaré mi Espíritu sobre toda la gente. Sus hijos e hijas profetizarán. Sus ancianos tendrán sueños y sus jóvenes tendrán visiones”.

Hechos 2:17 (NTV)
”En los últimos días —dice Dios—,derramaré mi Espíritu sobre toda la gente. Sus hijos e hijas profetizarán. Sus jóvenes tendrán visiones, y sus ancianos tendrán sueños”.

Nadie se tiene que quedar afuera de este derramamiento del Espíritu. Él se va a derramar en esta última generación y tú puedes ser participe el derramamiento y la llenura del Espíritu Santo. Esta es la última generación que verá la venida del Señor Jesucristo. Somos la generación más rápida, más ágil, haremos proezas para el Señor, por eso necesitamos ser vasijas útiles y disponibles, menguar para que Él crezca en nosotros. En la iglesia aprendemos y en la casa practicamos la Palabra de Dios.

No te preocupes si te sientes sucio, imperfecto, indigno; Dios no está interesado en la perfección, sino en la obediencia, en que te dejes moldear por Él y camines con integridad de corazón. Desocúpate para que Él te pueda llenar, límpiate para que Él te pueda usar.

Durante 42 generaciones Dios estuvo buscando una vasija donde depositar algo precioso y la encontró. Esa vasija se llamó María, una mujer increíble. Pero lo que hacía más increíble a María fue lo que Dios puso en ella; lo más valioso no era la vasija, sino lo que se derramó en ella.

Nuestra estima nos la da el depósito de Dios en nosotros. Tenemos un depósito en nosotros que se llama el Espíritu santo de Dios, por eso nadie te puede decir que no vales que no sirves, que no eres nadie porque tu valor te lo da Aquel que llevas dentro, que se llama el Espíritu Santo.

Cuando depositan el Espíritu Santo dentro de nosotros, dejamos de ser indignos y somos llamados su Templo. La próxima vez que vayas a pecar contra tu cuerpo, piensa en esto: En que eres el Templo del Espíritu Santo. No eches a perder tu vino por moscas que no valen la pena, límpiate y déjate tocar por Él.

Cuando Jesús se hizo hombre, Herodes no sabía; el diablo no sabe todo, solo lo que los hombres hablan, por eso no debemos decir todo lo que Dios nos dice. María guardó en su corazón esto, no lo habló porque no era el tiempo. EL diablo no lo sabe todo porque él no es omnisciente; él sabía que iba a venir un Mesías, se lo revelan los hombres sabios y como él no sabe lo que hace, manda a matar a todos los niños. Pero Dios estaba guardando su vasija, al Salvador del mundo.

Cuando Jesús entró a la sinagoga y pidió el rollo del libro de Isaías, leyó este versículo:

Lucas 4:18 (RVR60)
“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”.

Este verso había sido leído muchísimas veces, la diferencia es que esta vez lo estaba leyendo el Autor y eso hace todo diferente. Y Hoy tu puedes decir lo mismo: “El Espíritu del Señor está sobre mí, el Espíritu del Señor vive dentro de mí”.

Hay que sacar la basura con la que el mundo nos llena de nuestro interior, para que Él nos pueda limpiar y llenar, y ser vasijas no perfectas, pero sí disponibles para su uso.

El diablo quería matar a Jesús de niño o de adulto porque es a través de cuerpos que Dios obra en la tierra, no de espíritus. Dios necesita nuestras vasijas en la tierra, por eso el diablo odia tu cuerpo y quiere acabar con Él. Esta es la razón por la que debemos cuidar nuestro cuerpo, cuidar lo que comemos, hacer ejercicio, no pecar contra nuestro cuerpo.

El diablo no controla tu cuerpo ni tu mente, tú los controlas. Dios te dio el cuerpo para administrarlo, no le permitas al diablo que haga lo que él quiere con él.

Cuando el diablo vio a Jesús en la cruz pensó que lo había acabado. Pero Jesús antes de morir en la cruz lo que dijo fue “he acabado”, no “estoy acabado”. Cuando Jesús descendió al infierno, llevó cautiva la cautividad, le arrebató las llaves del infierno al diablo y lo dejó tan derrotado que ni las llaves de su casa tiene. Nos dio la potestad de ser llamados Hijos del Dios Altísimo.

Tú eres una vasija disponible para Dios, tú no eres esclavo del pecado. No tengas conciencia de pecado, sino de hijo de Dios.

Cuando María quedó embarazada de Jesús sucedieron dos cosas:

1. Caminó diferente.

2. No comió cualquier cosa.

1 Corintios 6:19-20 (NTV)
“¿No se dan cuenta de que su cuerpo es el templo del Espíritu Santo, quien vive en ustedes y les fue dado por Dios? Ustedes no se pertenecen a sí mismos,20 porque Dios los compró a un alto precio. Por lo tanto, honren a Dios con su cuerpo”.

2 Corintios 4:7 (NTV)
“Ahora tenemos esta luz que brilla en nuestro corazón, pero nosotros mismos somos como frágiles vasijas de barro que contienen este gran tesoro. Esto deja bien claro que nuestro gran poder proviene de Dios, no de nosotros mismos”.

Vamos a luchar por nuestras generaciones, sin descanso. Que toda tu familia le sirva al Señor y que se cumpla la promesa de Dios en tu vida “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa” (Hechos 16:3).

Hechos 13:36 (RVR1960)
“Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres”.

Pon tu nombre en este verso, sirve a tu generación y lucha por ella cada día de tu vida sin descanso. El diablo no puede arrebatar la salvación de tu vida ni de tu familia. Levanta tus manos y dile al Señor que eres una vasija disponible para Él, que te limpie y que te llene para luego llenar de Su aceite a tus generaciones.

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